Bodega familiar · Villanueva de los Infantes
Campos Rey es una bodega familiar de Villanueva de los Infantes, en Ciudad Real, y su vino 80/20 Finca Mariquita es un Tempranillo y Syrah del que se embotellaron 3.704 botellas. Ideavia, estudio de branding gastronómico de Madrid, firma el logotipo de la bodega y la etiqueta del 80/20.
Vino de la Tierra de Castilla, añada 2022, doce meses en barrica de roble francés y doce en botella. Una sola referencia, una sola tirada, y una etiqueta que tiene que sostener las dos cosas: el apellido de la familia y el nombre de la finca.
El encargo tenía dos piezas y un orden: primero la marca de la bodega —un logotipo de texto, sin racimo ni copa— y después la etiqueta del primer vino. La marca se hizo para durar más que la añada; la etiqueta, para que la añada se reconozca dentro de ella.
Es el caso donde mejor se ve cómo trabajamos antes de decidir: tres rutas presentadas, y la que ganó no es la que ilustraba el nombre.
Una familia que lleva generaciones en la misma tierra saca su primer vino embotellado con nombre propio. Tiene dos activos y ninguna marca: un apellido, Campos Rey, y una finca que se llama, literalmente, Finca Mariquita.
El apellido es la parte fácil. El manual lo dejó escrito: la marca se inspira en las bodegas de los cascos antiguos de los pueblos con tradición vitivinícola, esos nombres pegados a unos apellidos. De ahí sale un logotipo de texto, tipografía alta con serifa, sin racimo, sin copa y sin viñedo al atardecer.
El problema es el otro nombre. Una finca llamada Mariquita pide a gritos que le dibujen una mariquita, y esa es exactamente la etiqueta que se olvida en el lineal: simpática, infantil y sin ninguna relación con lo que hay dentro de la botella.


Grabado, serifa y aire de bodega de siempre. Segura, y confundible con media estantería.
Fondo limpio, hoja suelta y una marca pequeña. Moderna, pero le quitaba peso al apellido.
Trazo negro de pincel y una mancha roja. La que no imita a nadie, y la que ganó.
La mariquita dibujada. Ilustraba el nombre de la finca y hundía la botella en el lineal infantil.
Un nombre no se ilustra: se traduce.
La mancha roja de la etiqueta hace tres trabajos a la vez, y por eso está. Es el sol poniéndose sobre el viñedo grabado. Es la única nota de color de toda la marca, en una identidad que por manual es negro y oro. Y es, si se quiere ver, el lomo de la mariquita sin una sola pata dibujada.
El nombre del vino tampoco se explica: se enseña. 80/20 no es un eslogan, es la fórmula —ochenta de Tempranillo, veinte de Syrah— puesta a tamaño de titular. El que sabe de vino la lee entera; el que no, lee un número grande y se acuerda.
Detrás, la contraetiqueta hace lo que no puede hacer la cara: ahí sí se cuenta la tierra, el frío del invierno, las heladas de abril y las tres generaciones de trabajo, firmado a mano por la familia. La cara vende; la contra explica.
Marca de texto en serifa alta, con su variante extendida para el marcaje de producto.
Arte final de frontal y contra, con la curvatura calculada para la botella real.
Volumen, grado, lote, sulfitos, embotellador y mención geográfica en su sitio.
Guía de marca y manual de imagen: usos, tipografías, papelería y packaging.
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