Bodega · Navalcarnero, Madrid · desde 2011
el lineal
Tu producto compite tres segundos. Diseñamos para ganar esos tres.
Marca, envase, etiqueta y arte final para bodegas, conserveras, obradores y marcas de alimentación. Lo llevamos hasta la máquina: la normativa de etiquetado revisada y el pliego cerrado con el impresor, que es donde se arruinan la mitad de los diseños bonitos.
Un comprador recorre un pasillo de supermercado a metro y medio por segundo. Tu producto no tiene una página web ni un camarero que lo explique: tiene un frontal de nueve centímetros y tres segundos. En ese tiempo hay que decir qué es, de quién es y por qué vale lo que cuesta.
La mayoría de los envases fallan por lo mismo: están diseñados para verse en la pantalla del diseñador, no en una balda a metro y medio, con luz fluorescente y once competidores al lado. Un diseño que gana un premio y pierde el lineal es un diseño que ha fallado.
Y después está la parte que nadie enseña: el reglamento europeo de información alimentaria, las menciones obligatorias, el tamaño mínimo de letra, el lote, el grado y las alergias. Un error ahí no es una corrección: es una tirada entera a la basura.
No entregamos un PDF bonito: entregamos el arte final aprobado por el impresor, con troquel, perfiles y prueba de color contractual.
Menciones obligatorias, cuerpo mínimo y grado. Lo comprobamos antes de la tirada, no después de que lo compruebe la inspección.
Dior, Tous, El Ganso. Ese nivel de acabado aplicado a una etiqueta de vino de doce euros: es exactamente el mismo trabajo.
Narrativa y storytelling de marca para alimentación y bebidas.
Dos aceites de la misma comarca, el mismo precio y la misma balda. Uno se vende y el otro no. La diferencia casi nunca está en el aceite: está en que uno tiene algo que contar y el otro solo tiene una etiqueta bonita.
Aquí la narrativa tiene una dificultad que no tiene un restaurante: tiene que caber en nueve centímetros de frontal y leerse en tres segundos. No vale un texto largo en la contra que nadie lee en el pasillo. Hay que decidir cuál es la única cosa que se cuenta delante, y qué se guarda para la contra, la web o la feria.
Salimos del briefing con eso escrito: el origen, la familia, la finca o la técnica que os hace distintos, reducido a una frase que aguanta en un envase y crece en todo lo demás.
Todo sale de lo mismo: de la marca y de la narrativa que se escriban antes. Sin eso, cada referencia se decide por gusto y la gama deja de parecerse a sí misma.
Troqueles, perfiles, tintas directas y pruebas contractuales.
Ver en packaging →Bodegón y packshot para lineal, catálogo y ficha de tienda.
Ver en packaging →Bodega · Navalcarnero, Madrid · desde 2011
Café · Alcorcón, Madrid · tostando desde 1928
Marca de garantía · Comunidad de Madrid
La mayoría de las agencias creativas terminan en el paso cuatro y te dejan el arte final y la imprenta a ti. Ahí es donde se pierden los diseños.
Producto, canal, precio y competencia real en la balda donde vas a estar.
Qué promete la marca, a quién y cómo se cuenta en nueve centímetros. Firmado antes de dibujar nada.
La idea del envase, probada en maqueta y a tamaño real, no en pantalla.
Troquel, perfiles, tintas y la gama entera derivada con una sola regla.
Menciones obligatorias, cuerpo mínimo, lote y alérgenos. Revisado antes de tirar.
Prueba contractual, ajuste de color a pie de máquina y visto bueno de la primera tirada.
Una etiqueta, una decisión y ninguna vuelta atrás. Es donde más se nota tener criterio desde el principio.
Doce referencias hechas una a una a lo largo de diez años. Se ordenan con una sola regla de etiqueta.
Lo que funcionaba en una carta no funciona en una balda. Cambia el envase y a veces cambia el nombre.
Convivir con el sello oficial sin desaparecer detrás de él. Lo hemos hecho para la Comunidad de Madrid.
La marca de la casa en un tarro. Se diseña una vez para la mesa y para el lineal a la vez.
Sí, y es parte del trabajo, no un extra. Revisamos menciones obligatorias, cuerpo mínimo, lote, alérgenos y grado antes de mandar a imprimir. También lo hacemos sobre diseños que no son nuestros, como servicio suelto.
Lo que no somos: un servicio jurídico. Comprobamos lo que un estudio de diseño con veinte años en alimentación puede comprobar; la responsabilidad legal de la etiqueta es del operador. Si el caso es dudoso, lo decimos y se consulta.
Con el vuestro. Hablamos con él desde el paso cuatro, adaptamos el arte final a su máquina y vamos a la prueba de color. Si no tenéis, proponemos dos o tres según tirada y soporte.
Lo que mueve el precio no es la etiqueta: es cuántas van detrás. La primera se lleva el trabajo de decidir la regla y las siguientes se derivan de ella, así que una gama de diez sale muy por debajo de diez veces una. Después cambia si hay que construir la marca o ya existe, y si el arte final va a una imprenta o a tres.
Te damos la horquilla en la primera llamada.
De cuatro a ocho semanas hasta el arte final, más el plazo de tu impresor. Si hay campaña de vendimia o feria con fecha, se planifica al revés desde esa fecha.
Sí, pero avisamos: casi siempre acaba señalando que el problema es la regla común de la gama y no esa etiqueta. Lo decimos en el presupuesto, no a mitad.
Sí, y conviene hacerla con quien ha diseñado el envase: sabe qué cara tiene que verse y qué detalle es el que vende.
Entonces el envase se diseña dos veces: para la mano y para una miniatura de 200 px. Son dos problemas distintos y hay que resolver los dos.
Mándanos una foto de la balda donde quieres estar y te decimos qué haríamos. Sin compromiso y sin una presentación de cuarenta páginas.