Restaurante · Madrid · desde 2005
la mesa
Trabajamos la gastronomía con el oficio de las marcas de lujo.
Construimos la marca de un restaurante entera: el nombre, la identidad, la carta, la web, las reservas y lo que se publica cada semana. No vendemos campañas sueltas — montamos el sistema con el que un restaurante decide, y luego lo mantenemos vivo. En Coque llevamos veinte años haciéndolo.
Un restaurante llega diciendo que necesita redes. Casi siempre lo que necesita es antes: no hay una idea escrita de qué es la casa, así que la carta la diseña una imprenta, la web la hizo un cuñado en 2019, las fotos son de tres sesiones distintas y el Instagram lo lleva quien tiene un rato. Cada pieza está bien por separado y juntas no dicen nada.
Eso tiene un coste que no aparece en ninguna factura: el cliente que entra por la puerta no es el que habías imaginado, el ticket medio no sube y cada decisión —un menú nuevo, una terraza, una segunda marca— se discute desde cero porque no hay un criterio al que volver.
Y hay una parte que en Madrid pesa más que en ningún sitio: la competencia. Se abren y se cierran restaurantes cada semana. Lo que sostiene a los que duran no es la novedad, es que se les reconoce. Esa es la parte que se diseña.
Coque entró como casa de comidas familiar en Humanes y hoy tiene dos estrellas Michelin. Seguimos con ellos. Un sistema que aguanta veinte años y un traslado no se improvisa: se construye.
Venimos de trabajar para Dior, Tous, El Ganso y Devota y Lomba. Ese es el listón de ejecución que traemos a la gastronomía — no el precio, ni el tipo de cliente: el nivel de acabado.
Entregamos criterio escrito, no solo archivos: qué se puede hacer y qué no, para que la casa siga decidiendo bien cuando nosotros no estemos delante.
Narrativa y storytelling de marca para restaurantes.
Toda casa tiene una historia. Casi ninguna la tiene escrita, y por eso cada uno la cuenta distinta: el dueño una cosa, la carta otra y el Instagram una tercera. Cuando eso pasa, el cliente no recuerda nada — y lo que no se recuerda no se recomienda.
Coque no es «alta cocina en Madrid». Es tres generaciones que empezaron en una casa de comidas de Humanes y llegaron a dos estrellas sin cambiar de familia. Esa frase hace más por la marca que cualquier campaña, y no se inventa: se encuentra y se escribe.
Nosotros salimos del briefing con la narrativa en una página: de dónde viene la casa, qué defiende, qué no es, y las frases que puede decir cualquiera del equipo sin sonar a folleto. De ahí sale todo lo demás — el nombre, la carta, la web y lo que se publica cada semana.
Las nueve salen de lo mismo: de la narrativa que hayamos escrito antes. Sin ella cada pieza se decide por gusto, y el gusto cambia cada temporada.
El diagnóstico de antes de encargar piezas, y la carta desde el producto.
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Restaurante · Chamberí, Madrid
Una sesión en tu casa, no en la nuestra. Vemos el servicio, hablamos con sala y cocina, y salimos con el problema escrito.
Qué es esta casa, qué no es y cómo se cuenta. Una página que el cliente firma y a la que volvemos cada vez que hay una duda.
La idea visual y verbal, en una sola propuesta razonada. No presentamos tres caminos para que elijas tú.
Identidad, carta, web y contenido, todo derivado de lo anterior. Con manual y con plantillas editables.
La marca no se entrega, se mantiene. Revisión periódica y la casa nos llama antes de cada decisión grande.
Todavía no hay nada hecho y esa es la mejor noticia: es cuando sale más barato acertar.
Veinte años de oficio contados con una marca de hace veinte años. Es el encargo que mejor conocemos.
Tres locales, tres logotipos y tres agencias. Aquí lo que hace falta es arquitectura de marca.
Ejecución al nivel de una casa de moda, con quien ya la ha hecho para casas de moda.
Cuando la marca vive a la vez en el plato y en el lineal, se diseña una sola vez y sirve para las dos.
Lo mueven tres cosas y ninguna más: cuántas piezas hay que hacer, si hay que construir la identidad o solo aplicarla, y si nos quedamos después a mantenerla. El encargo más habitual de una casa independiente en Madrid es identidad, carta y manual; a partir de ahí suben la web, la fotografía y el acompañamiento mensual.
Te damos la horquilla en la primera llamada, antes de vernos y sin que prepares nada. No hace falta llegar a la tercera reunión para saber si encajamos.
De seis a diez semanas para el sistema base, según lo rápido que el cliente devuelva decisiones. Una apertura con fecha cerrada se planifica al revés, desde el día del primer servicio.
No. El listón de ejecución es el mismo para un dos estrellas y para una casa de comidas de barrio; lo que cambia es el alcance. La mitad de nuestros clientes no tienen ninguna estrella y no la buscan.
Sí, pero preguntamos antes qué marca hay detrás. Si no hay criterio escrito, llevar redes es rellenar un calendario — y eso lo hace cualquiera más barato que nosotros.
Sí. El estudio está en Madrid y la mayoría de los clientes también, porque nuestro trabajo pide ir al local. Fuera de la Comunidad trabajamos con viajes concentrados en las fases que lo exigen.
El equipo que ves en la primera reunión. No hay un comercial que vende y un becario que ejecuta.
Te quedas con todo: archivos abiertos, tipografías con licencia a tu nombre y el manual. No retenemos el dominio, ni las cuentas, ni los originales.
Cuéntanos en cinco minutos qué tienes y qué te falta. Te decimos por dónde empezaríamos y cuánto cuesta, sin compromiso y sin una presentación de cuarenta páginas.