En el lineal tu marca compite con otras cuarenta a metro y medio de distancia y con dos segundos de atención. Lo que se decide ahí no es el gusto: es si se entiende qué eres.
Una marca de alimentación se juega casi todo en un sitio donde no puede explicarse a sí misma: un estante, con luz mala, al lado de sus competidores y con alguien que pasa. No hay comercial, no hay web y no hay tiempo. El envase tiene que decir qué es, para quién y por qué cuesta lo que cuesta, en el orden en que se lee de verdad.
El error más caro es empezar por el envase. Antes hay que decidir qué categoría ocupas —y si no ocupas ninguna clara, el lineal te coloca en la que quiera— y qué gama vas a tener dentro de tres años. Una identidad que solo resuelve la referencia de hoy obliga a rehacerlo todo en cuanto sale la segunda.
Y hay una parte que se ve poco y decide mucho: lo que el envase tiene que llevar por ley, y cómo entra eso en el diseño sin que parezca un parche. Esa es la diferencia entre un envase bonito y un envase que se puede imprimir.
En qué categoría compites y contra quién de verdad. Con el lineal delante, no con un informe.
Si hace falta. Con comprobación de registro dentro del proceso.
Logotipo, tipografías, color y las reglas que hacen que la gama se reconozca junta.
Qué cambia y qué se mantiene entre referencias. Es lo que permite crecer sin rehacer.
Estructura, material y arte final. Tiene página propia: diseño de packaging.
Lo obligatorio, integrado en el diseño. En normativa de etiquetado.
Qué cuenta el envase y con qué palabras. En narrativa.
Tienda propia y fichas para marketplace. El envase también se compra en una miniatura de 200 px, y lo que se lee ahí no es lo mismo que se lee en la balda: el sistema de gama tiene que aguantar los dos tamaños.
El documento con el que la marca sigue decidiendo sola cuando saca la referencia doce.
A la tienda donde te vendes, a mirar el estante entero. Lo que se ve ahí no sale en ningún brief.
Una propuesta razonada, con la gama futura ya sobre la mesa.
Identidad y las reglas que la hacen crecer. Probada sobre la referencia más difícil, no sobre la más fácil.
Con el impresor delante: material, troquel, acabados y prueba real.
Un caso
dÓrio se estrenó con una botella y hoy son seis referencias que salen del mismo sistema: misma botella, mismo dibujo de cepas y el color cambiando con la variedad. Ninguna obligó a rehacer las anteriores.
Depende de si hay que fijar nombre y posicionamiento o ya existen, de cuántas referencias entran de salida y de cuántos formatos tiene cada una. Un producto con tres formatos no cuesta lo mismo que uno con uno.
Te damos la horquilla en la primera llamada.
A veces sí y a veces no, y conviene saberlo el primer día. Lo que marca el plazo no somos nosotros: es la imprenta y el troquel. Si el calendario es de dos meses, se prioriza la referencia que sale primero y el resto de la gama va después con el sistema ya fijado.
Sí, aunque el encargo es distinto: ahí el envase compite dentro del criterio de la cadena y no con el suyo propio. Se dice en la primera reunión para no vender un trabajo que no es.
Del arte final y del seguimiento sí, y vamos a la prueba de máquina. La tirada la factura el impresor directamente, para que veas su precio sin intermediarios.
Enséñanos lo que tienes y dónde se vende. Te decimos qué falta para que la gama crezca sin rehacerse.