El envase es el único comercial que tienes en el lineal, y trabaja solo. Se diseña con el troquel, el material y la ley encima de la mesa desde el primer boceto.
Un envase se diseña tres veces: en pantalla, en el troquel y en la máquina. Los tres son distintos. Un color que en pantalla es perfecto puede no existir en la tinta que usa ese impresor; un troquel bonito puede no apilarse en palet; un acabado que se ve caro puede hacer ilegible la letra pequeña bajo la luz de una tienda.
Por eso empezamos por el final. Antes de dibujar hablamos con quien lo va a imprimir y con quien lo va a llenar: material, formato, tirada, línea de envasado y qué imprime la máquina y no la imprenta. Un diseño que ignora eso es una propuesta bonita que después se recorta en la reunión de coste.
Y se diseña para la gama, no para la referencia. Lo que decide si un packaging es bueno no es cómo se ve la primera unidad: es si la sexta se reconoce como de la misma casa sin que nadie lo haya supervisado.
Qué envase, qué tamaño y cómo se apila, se transporta y se expone.
Con el coste y la tirada delante. Y con lo que ese material le hace a la legibilidad.
La cara, la trasera y los laterales. Con el campo visual principal decidido antes de componer.
Qué cambia y qué se mantiene entre referencias. Es lo que permite crecer sin rehacer.
Integrado desde el primer boceto, no encajado al final.
Trazado, sangres, tintas planas y troquel, con perfiles y pruebas contractuales. Preparado para ese impresor concreto, no en general.
Vamos. Un color aprobado en pantalla no es un color aprobado.
Bodegón y packshot con un criterio único, listos para lineal, catálogo y ficha de tienda.
Expositores, faldones y material de feria. Lo que hace que el envase no esté solo en la balda —y lo que decide si tu producto tiene medio metro de estante o quince centímetros.
A ver el estante donde vas a estar y quién está al lado. Es media hora que cambia el encargo.
Material, troquel, tirada y máquina. Antes de dibujar, no después.
Una propuesta razonada, montada sobre el troquel real y vista a tamaño.
Preparación, prueba y primera tirada, con nosotros delante.
Un caso
Seis referencias de vino con la misma botella, el mismo dibujo y el color cambiando con la variedad. Ninguna obligó a rehacer las anteriores, y el sistema aguantó también las especiales.
Todo lo que hacemos para marcas de alimentación.
El caso particular con más norma y menos espacio.
Nosotros, entre otras. Trabajamos con bodegas de la Comunidad de Madrid desde 2011 —dÓrio, de Bodegas Andrés Díaz, en Navalcarnero— y con la propia Denominación de Origen Vinos de Madrid desde 2008.
Si estás comparando, pide dos cosas a quien preguntes: que te enseñe una gama completa y no una etiqueta suelta, y que te diga con qué imprenta la sacó.
Depende del número de referencias y formatos, de si hay que crear el sistema de gama o ya existe, y de si hace falta troquel nuevo. El arte final de una referencia dentro de un sistema ya fijado es una fracción del primero. Te damos la horquilla en la primera llamada.
Con la vuestra, si la tenéis. Se habla con ella antes de dibujar. Si no la tenéis, proponemos, y la tirada la factura el impresor directamente.
El bloque legal va integrado en el diseño desde el principio. La revisión formal punto por punto, con informe firmado, es un servicio aparte y se puede contratar con esto o por separado.
Enséñanos el producto y dónde se vende. Te decimos qué le falta para que se entienda en dos segundos.