Una etiqueta que no cumple no se corrige: se reimprime. Revisamos el arte final antes de que entre en máquina, con la lista delante y por escrito.
El fallo de etiquetado casi nunca lo comete un abogado: lo comete el diseño. La letra de los ingredientes se queda por debajo del mínimo legal porque no cabía, los alérgenos se destacan en un color que la imprenta no reproduce, o la denominación legal del alimento se sustituye por el nombre comercial porque quedaba mejor.
Y se descubre tarde. Se descubre con la tirada hecha, o peor, con el producto ya en el lineal y una inspección delante. A esas alturas no hay corrección posible: hay reimpresión, reetiquetado manual o retirada.
Esto no es asesoría jurídica y lo decimos así de claro. Es una revisión de arte final hecha por quien maqueta la etiqueta, con una lista de comprobación y un informe firmado de qué se ha mirado y qué no. Para una interpretación legal de un caso dudoso está tu asesor, y te diremos cuándo hace falta.
No es leerse el reglamento: es pasar el arte final por una lista y firmar que está. Estos son los puntos donde se cae una etiqueta, por orden de frecuencia.
El nombre legal, que casi nunca es el nombre comercial. «Crema de queso» y «preparado lácteo» no son lo mismo y no se pueden intercambiar.
De mayor a menor peso, con el agua añadida si pasa del umbral y con los aditivos por su categoría y su nombre o su número.
Tienen que distinguirse del resto de la lista por tipografía, estilo o fondo. Es el punto que más se incumple por diseño: se marcan en un color que el impresor luego no reproduce.
La información obligatoria tiene un mínimo legal medido por la altura de la x, no por el cuerpo. Es el error más caro, porque obliga a rehacer la composición entera.
Qué datos tienen que verse a la vez sin girar el envase. Condiciona el diseño de la cara desde el primer boceto.
Con su formato correcto, y dejando sitio físico para lo que imprime la línea de envasado y no la imprenta.
Orden, unidades y qué es obligatorio y qué voluntario. Y si hay declaraciones nutricionales o de propiedades saludables, que estén autorizadas.
Quién responde del producto, y cuándo el origen pasa a ser obligatorio en vez de opcional.
Punto por punto, sobre el archivo que va a imprenta y no sobre una maqueta.
Qué se ha revisado, qué cumple y qué hay que cambiar. Por escrito y con fecha.
Los arreglos que son de diseño: tamaño, jerarquía, destacado de alérgenos, campo visual.
Que lo que se ve en pantalla se lea también en el material y con la tinta reales.
La estructura del bloque legal, lista para las siguientes referencias de la gama.
Si cambia la norma o cambia el producto, avisamos de qué toca revisar.
Y la ficha técnica del producto. Sin ficha no hay revisión posible.
La misma lista siempre, para que ninguna referencia se salte un punto por prisa.
Con lo que hay que cambiar separado de lo que es recomendable pero no obligatorio.
Se corrige, se vuelve a revisar y se firma. Después ya puede ir a máquina.
En la práctica, casi nadie: el diseñador da por hecho que lo mira el cliente, el cliente da por hecho que lo mira el diseñador y la imprenta imprime lo que le llega. Por eso el fallo aparece con la tirada hecha.
Lo lógico es que lo revise quien maqueta la etiqueta, con una lista de comprobación y dejando por escrito qué se ha mirado. Eso es lo que hacemos, y está desarrollado arriba en qué se revisa antes de mandar a imprenta.
Para una interpretación legal de un caso dudoso hace falta además un asesor. Te diremos cuándo.
No, y es importante. Somos el estudio que maqueta la etiqueta y la revisa contra la lista antes de que vaya a máquina. La mayoría de los fallos son de composición y ahí es donde servimos. Lo que sea interpretación jurídica lo señalamos y va a tu asesor.
Sí, y es la mitad de los encargos. Hace falta el arte final abierto o el PDF de imprenta, y la ficha técnica del producto.
Depende de cuántas referencias entren y de si vienen del mismo sistema o cada una es distinta. Una gama que comparte plantilla se revisa mucho más rápido que cinco etiquetas sueltas. Te damos la horquilla en la primera llamada.
Mándanos el arte final y la ficha técnica. Te decimos qué hay que cambiar antes de que entre en máquina.