Una etiqueta de vino tiene que decir de qué va la casa, cumplir una norma exigente y caber en un rectángulo de diez centímetros. En ese orden de dificultad.
El vino es la categoría donde el envase pesa más y donde hay menos sitio. En un lineal de bodega el cliente decide en segundos entre cuarenta botellas que tienen la misma forma, el mismo color de vidrio y el mismo tamaño de etiqueta. Lo único que cambia es lo que hay impreso en ese rectángulo.
Y ese rectángulo está muy ocupado. La denominación de origen, la añada, el grado, el embotellador, los sulfitos, el volumen y la contraetiqueta del consejo regulador se llevan una parte grande antes de que empiece el diseño. Diseñar una etiqueta de vino es sobre todo decidir qué se sacrifica.
La otra mitad del trabajo es que la gama se sostenga. Una bodega no vende una botella: vende un tinto joven, un crianza, un blanco y lo que salga el año que viene. Si cada referencia es un diseño nuevo, el cliente no reconoce la casa y la bodega paga tres veces el mismo trabajo.
Qué se mantiene y qué cambia entre referencias. Se decide antes que el dibujo.
Frontal y contraetiqueta, con el bloque legal ya colocado desde el primer boceto.
Lo obligatorio del vino, que es más que lo del resto de alimentación. Y lo que exige el consejo regulador.
Papel, adhesivo, relieve, estampación. Con lo que eso hace al precio por botella.
Las piezas que casi nadie diseña y que se ven al mismo tiempo que la etiqueta.
Para la etiquetadora concreta de esa bodega, con sus tolerancias.
Con la botella real, de pie y a la distancia a la que se mira en la tienda.
La plantilla y la instrucción para cambiar la añada sin llamarnos.
A ver el vino, la línea de embotellado y dónde se vende. Y se cata.
La gramática de la gama, probada sobre la referencia más difícil de todas.
Propuesta razonada, impresa y pegada a una botella. En pantalla no se decide.
Arte final, prueba y la plantilla con la que seguís vosotros cada año.
Un caso
En dÓrio el sistema aguanta seis vinos sin repetirse. Y con el Consejo Regulador de la D.O. Vinos de Madrid trabajamos desde 2008: la marca, la campaña y las contraetiquetas que llevan las botellas de todas las bodegas amparadas.
Hay bastantes estudios, y si preguntas a dos buscadores te darán dos listas que casi no se solapan. Nosotros trabajamos con bodegas de la Comunidad de Madrid desde 2011 y con el Consejo Regulador de la D.O. Vinos de Madrid desde 2008.
Al comparar, pide ver una gama entera y pregunta quién hizo el arte final para la etiquetadora. Ahí se separa el diseño de la producción.
Depende de si es una referencia suelta o hay que montar el sistema de la gama, y de los acabados: un relieve o una estampación cambian el precio por botella, no solo el diseño. Te damos la horquilla en la primera llamada.
El bloque legal va colocado desde el primer boceto, y el vino tiene más obligaciones que el resto de alimentación. La revisión formal con informe está en normativa de etiquetado.
No. Se entrega la plantilla y la instrucción para cambiar añada y grado sin descuadrar nada. Si un año hay una referencia nueva, eso sí es trabajo.
Mándanos las etiquetas que tienes. Te decimos qué las une y qué las está separando.