Denominación de Origen · Madrid · desde 2008
Vinos de Madrid es la Denominación de Origen de los vinos de la Comunidad de Madrid, con bodegas en Arganda, Navalcarnero, San Martín de Valdeiglesias y El Molar. Ideavia, estudio de branding gastronómico de Madrid, firma su identidad, su lenguaje ilustrado, su campaña y su web desde 2008.
El Consejo Regulador reconoció la denominación el 17 de agosto de 1990, con tres subzonas al sur y al oeste de la capital; El Molar se incorporó en 2018. Son bodegas a menos de una hora de la Puerta del Sol, en una región que casi nadie asocia con el viñedo.
Trabajamos con el Consejo Regulador desde 2008. Durante años el encargo fue el que se le pide a un estudio: el salón anual, las ferias, la publicidad, las contraetiquetas, dos aniversarios. Piezas.
Y debajo de todas ellas, siempre el mismo problema, que no es de diseño: «Madrid» se lee como capital. Se piensa en una ciudad, no en un territorio agrícola, y quien no es de aquí no termina de creerse que a media hora del centro haya viñedo y bodegas que llevan generaciones.
La comunicación del sector peleaba contra eso enseñando campo, cepas y barricas, para demostrar que esto también es vino. Es una batalla que no se gana, porque discute con lo que el público ya tiene en la cabeza. El encargo de atacarlo por la raíz no llegó hasta 2025.
Identidad de marca y campaña para denominaciones de origen.
Ciudad, sí ¿y qué?
No es un eslogan, es la respuesta a la objeción. Si el público asocia Madrid con la ciudad, el error está en pedirle que deje de hacerlo. La ciudad no es el obstáculo del vino de Madrid: es lo único de Madrid que ya reconoce medio mundo.
De ahí sale todo lo que vino después. La marca deja de disimular la capital y la pone delante: arte, deporte y ocio como puertas de entrada, y el vino dentro de esa conversación en vez de en una comarca que nadie sabe situar. En el manual de marca, ese argumento acabó escrito como uno de los valores de la casa: carácter urbano-rural.
El logotipo no fue el encargo: fue la consecuencia. Hasta que no estuvo claro qué se iba a defender, no se dibujó nada.
Veinte páginas para defender una idea. Ni un logotipo hasta que estuvo aceptada.
Logotipo, isotipo, color y dos tipografías: una de tradición y otra de modernidad.
Cuarenta y seis páginas, ya por su quinta edición. Es el documento con el que trabajan las bodegas.
Las ilustraciones que ponen el vino en la ciudad, y la web nueva del consejo.


La prueba de que un argumento se aceptó no es que guste en la presentación: es que aparezca escrito en los documentos del cliente cuando nosotros ya no estamos delante.
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