Hablemos

Obrador de tartas de queso · Navalcarnero, Madrid

La Lucastería no es un juego de palabras: es el apellido de quien hace las tartas.

La Lucastería es un obrador de tartas de queso de Navalcarnero, en Madrid, que vende por internet y reparte en Navalcarnero y Boadilla del Monte. Está premiado: Segundo Premio de La Mejor Tarta de Queso de Madrid en 2022 y Tercer Premio en 2024. Ideavia, estudio de branding gastronómico de Madrid, firma su marca, su packaging y sus campañas.

También fue finalista del Concurso Nacional de Tarta de Queso Manchego de 2024. Conviene decirlo con el puesto delante, porque el concurso se llama «La Mejor Tarta de Queso de Madrid» y el nombre del concurso no es el premio.

El encargo no fue un logotipo suelto: fue un sistema entero —logotipo manuscrito, patrón, dos personajes ilustrados, tarjetitas, pegatinas, displays, mantel de bandeja, caja y campañas de temporada—, del tamaño que necesita una marca que se vende sin escaparate.

Es también un caso de vecindad: La Lucastería y este estudio son del mismo pueblo.

Cliente
La Lucastería
Sector
Repostería · obrador de tartas de queso
Ubicación
Navalcarnero, Madrid
Venta
Online · reparto en Navalcarnero y Boadilla del Monte
Servicios
Identidad · Packaging · Ilustración · Campañas
Origen

El punto de partida

El negocio nació en Navalcarnero de la mano de María Lucas y Miguel Ángel Mateos, y arrancó donde arrancan las cosas que todavía no son una empresa: en el sótano de un chalé. El titular con el que lo contó El Español lo resume mejor que cualquier eslogan: la premiada tarta de queso que hacía un ex chef de elBulli en el sótano de un chalé de Navalcarnero.

Lo que llegaba al estudio, por tanto, no era un producto por validar. Era un producto que ya ganaba concursos y que no tenía manera de presentarse. Sin local a pie de calle, la marca tiene que hacer sola todo el trabajo que en una pastelería hacen el escaparate, el mostrador y quien atiende.

Y había un activo escondido a plena vista: el apellido. La Lucastería suena a invención simpática y no lo es. Sale de Lucas, el apellido de María, que es quien hace las tartas. Un nombre que ya contenía el argumento, solo que nadie lo estaba contando.

María Lucas y Miguel Ángel Mateos, con chaquetilla blanca, en el obrador de azulejo blanco de La Lucastería, junto a una mesa de acero con tartas de queso y una amasadora.
Los dos fundadores en el obrador, en la etapa en que el negocio lo llevaban entre ambos. Hoy La Lucastería la lleva María Lucas.

La marca

Si el nombre ya cuenta la historia, el logotipo solo tiene que dejarla oír.

El logotipo se escribe a mano y en rojo, y esas dos decisiones son la misma decisión. A mano, porque lo que se vende es una tarta hecha a mano por una persona con nombre. En rojo, porque es el único color de la marca que no se negocia: todo lo demás —el patrón, las ilustraciones, las cajas— se mueve alrededor de él.

Debajo, en versal y muy pequeño, «Loveliness & Deli». No es un descriptor de categoría —no dice «pastelería»— sino un descriptor de trato. Es la etiqueta que explica por qué luego la marca puede permitirse hablar como habla.

Y alrededor, un patrón geométrico de pétalos y cuartos de círculo en verde, coral, mostaza y crudo, que es lo que convierte una caja de cartón en algo reconocible a tres metros. Cuando no hay escaparate, el patrón es el escaparate.

Banner de La Lucastería: el logotipo manuscrito rojo con «Loveliness & Deli» debajo, junto a una fotografía de María Lucas sentada delante de una fila de tartas de queso y un horno.
El logotipo manuscrito y su versal pequeña, en la cabecera de la tienda: la marca puesta a trabajar donde de verdad se vende.
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Nadie pide «tarta de queso con Oreo». Piden «la de Oreo».

Esto no es una ocurrencia de copy: es como estaba nombrado el material que llegó del cliente. Los archivos se llamaban «la-de-Oreo», «la-de-Lotus», «la-de-pistacho». Ahí había un sistema de marca ya hecho y sin darse cuenta —una gama nombrada por complicidad y no por descripción— y lo único sensato era adoptarlo tal cual, en la tienda, en las etiquetas y en las redes.

Tarta de queso clásica de La Lucastería, sostenida en un plato con la superficie tostada y cuarteada.
01La clásica
Tarta de queso de Oreo de La Lucastería, con la galleta entera colocada en el centro.
02La de Oreo
Tarta de queso de Lotus de La Lucastería en su papel de horno, con una galleta Lotus entera encima.
03La de Lotus
Tarta de queso de pistacho de La Lucastería, de color verde claro, rodeada de pistachos pelados sobre fondo blanco.
04La de pistacho
Tarta de queso de Kit Kat de La Lucastería sobre un pie de tarta verde menta, con barritas de Kit Kat alrededor.
05La de Kit Kat
Tarta de queso de Kinder Bueno de La Lucastería, con trozos de la barrita repartidos sobre la superficie tostada.
06La de Kinder Bueno
Tarta de queso de violetas de La Lucastería, decorada con rosetones de crema morada y flores comestibles amarillas y moradas.
07La de violetas
Tarta de queso de chocolate de La Lucastería, servida en una fuente blanca ondulada.
08La de chocolate

Los personajes

Sé feliz, come tarta.

Una marca sin local tampoco tiene a nadie que sonría al entregar la caja. Ese trabajo lo hacen aquí dos personajes ilustrados, una chica y un chico, dibujados con la línea y la paleta de un cartel de los cincuenta, cada uno sosteniendo su plato con la porción.

No son mascota de marca ni salen a explicar nada. Son el tono puesto en imagen: el mismo tono con el que la marca habla en redes —«¿ya has hecho la foto? Vengaaa, que quiero probar ya la tarta»— y el que permite que un mensaje tan descarado como «sé feliz, come tarta» se lea como una broma amable y no como un eslogan de dietética invertida.

Y son el sistema barato: la misma pareja aguanta la pegatina que cierra la caja, la tarjetita que va dentro, el rollup de una feria y el vídeo de quince segundos. Se dibujaron una vez y trabajan en todas partes.

Pegatina de La Lucastería: sobre fondo crudo, el logotipo manuscrito, el mensaje «Sé feliz, come Tarta!» y la ilustración de una chica de pelo castaño y delantal rosa sosteniendo un plato con una porción de tarta de queso.
EllaThe Girl Lucastera
Pegatina de La Lucastería: sobre fondo crudo, el logotipo manuscrito, el mensaje «Sé feliz, come Tarta!» y la ilustración de un chico de jersey rosa sosteniendo un plato con una porción de tarta de queso.
ÉlThe Boy Lucastero
Caja

Todo lo que en una pastelería dice el mostrador, aquí lo dice la caja.

La tarjetita

La pieza que viaja dentro. Cambia por ocasión —cumpleaños, regalo— y es lo más numeroso del sistema: decenas de artes finales.

Las pegatinas

Cierran la caja y la firman. En redondo y en cuadrado, con los dos personajes y con el patrón.

La caja y el mantel

Caja de tarta grande y mantel de bandeja, para que el producto llegue montado y no envuelto.

Los displays

A4, forex y rollup, para ferias y puntos de venta puntuales: la única vez que esta marca tiene escaparate.

Una tarta de queso de La Lucastería en su molde de papel plisado sobre una tabla de madera, con una tarjeta roja apoyada detrás en la que se lee «Dicen que saben a beso».
«Dicen que saben a beso.» La frase no la escribimos nosotros: es lo que decían los clientes. El trabajo fue ponerla en una tarjeta roja y meterla en todas las cajas.

Lo que hay dentro

Un adjetivo no se puede citar. Un proveedor, sí.

Cuando una marca de repostería quiere destacar, lo normal es que pida un superlativo. Aquí no hacía ninguna falta, porque el producto trae datos, y un dato aguanta lo que un adjetivo no.

Al detallar la tarta, Time Out cuenta que se hace con tres quesos madrileños —crema de Albe Lácteas del Jarama, Capricho de cabra de Quesería Vega de San Martín y ecológico de Quesería Suerte Ampanera—, con mantequilla de La Colmenareña y huevos de Granjas Villarreal.

Esa lista es el mejor argumento de marca que tiene el negocio: una tarta de queso de Madrid hecha, literalmente, con Madrid. Y es la razón por la que esta ficha dice «premiada» con premio, puesto y año, y no «la mejor»: lo que se puede comprobar convence más tiempo que lo que solo se puede afirmar.

El resultado

  • Un obrador sin escaparate tiene un sistema que funciona entero dentro de una caja de cartón.

  • La gama se llama como la pide la gente: la de Oreo, la de Lotus, la de pistacho.

  • Dos personajes dibujados una sola vez sostienen pegatinas, tarjetas, displays, redes y vídeo.

  • Y el nombre dejó de ser un juego de palabras para ser lo que era: el apellido de quien hace las tartas.

María Lucas, con chaquetilla blanca, de pie en el obrador de La Lucastería junto a la mesa de acero con las tartas de queso recién hechas.
María Lucas, en el obrador. Las manos que hacen las tartas, que es exactamente lo que dice la marca.

Lo que hicimos aquí lo hacemos para cualquier obrador que venda sin tener escaparate.

Branding de alimentación

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